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  Calamaro, la Real Sociedad y yo mismo
  Entrevista Clarín.com 27-11-2005 "Hoy mi vida íntima es más importante que la música"
 
 

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Domingo | 27.11.2005

MUSICA: ENTREVISTA EXCLUSIVA CON ANDRES CALAMARO EN ESPAÑA

"Hoy mi vida íntima es más importante que la música"







Está enamorado de Julieta Cardinali. Piensa en tener hijos. Dice que su relación con las drogas es un recuerdo. Y que le cuesta escribir canciones. Va a sacar un CD de tangos clásicos. Calamaro, el nuevo Calamaro, a fondo.






Mariano del Mazo. Madrid ENVIADO ESPECIAL
mdelmazo@clarin.com






A días de haber hechizado a 14 mil madrileños desde el escenario del Palacio de los Deportes y dos horas antes de salir corriendo con su novia Julieta Cardinali al Santiago Bernabeu para ver la paliza que el Barcelona le dio al Real Madrid, Andrés Calamaro se come las uñas en el gigantesco hall del Palace Hotel de Madrid. Primero ataca el dedo anular, después el mayor. Se disculpa de algún modo: "Es pura ansiedad, mi único vicio actual".

Limpio, reflexivo, enamorado, Calamaro está en un momento bisagra. Después de un período de oscuridad y genialidad (ambas en dosis inquietantes), volvió poco a poco a lo que se podría definir como "una vida normal". El lo dirá con palabras más precisas: "Estoy contento: recuperé muchas cosas, muchos signos vitales". En el medio, en ese tránsito que fue de rutinas bohemias, excesos, encierro, compulsiones y declaraciones altaneras ("No tengo tiempo que perder, tengo que escribir una canción por día", etc.) a este presente, ocurrieron discos maravillosos, épicos y ya, parecería, inigualables, como el doble Honestidad brutal y el quíntuple El salmón. La hemorragia creativa era tal que cuando el formato CD no fue suficiente, Calamaro se dedicó a poner su música en internet para ser bajada gratis. Ahora, dice, no le salen canciones. No puede escribir. "No estoy preocupado. Pero tengo la obligación de destruir el mito que dice que no se puede ser feliz y hacer buenas canciones. Creo que la música y la palabra tienen suficiente riqueza como para ser independientes de situaciones personales".



¿Cuál es hoy tu situación personal?

Estoy muy bien. Si bien en la época de la bohemia dije e hice muchas cosas y uno no puede borrar lo que hizo o dijo con tanta firmeza, descubrí que la alegría y la belleza cotidianas, sencillas, son igualmente profundas. Valoro mucho poder empezar el día con alegría y sin desesperación.



¿Estuviste desesperado?

Yo creo que fue una fiebre de fin de milenio, a pesar de que los canlendarios son bastante simbólicos: la vida son días y noches. Creo también que muchas veces la diferencia entre el bien y el mal es la diferencia entre el dolor y la analgesia. Yo calmaba mi espíritu desenchufándome de otras realidades para conectarme con las grabaciones. No podía parar de grabar. Y en realidad, más que canciones, eran mis gambetas.



¿Qué gambeteabas?

La soledad...

Créase o no, en este instante de la entrevista aparece Julieta Cardinali. La actriz desafía el otoño español con un tapado y un gorro de piel. Saluda muy modosita, intercambia unas palabras con su novio ("mirá que a las siete salimos para el Bernabeu", avisa Andrés) y desaparece por unas escaleras. El hall del suntuoso Palace Hotel es una romería babélica. Entre japoneses, botones, boleros de pianista de lobby y maleteros, nadie advierte la presencia de Calamaro, la gran bestia pop que en los 90 y con Los Rodríguez perforó el rock español. Nadie lo advierte excepto, claro, el argentino infaltable. "¡Andrés, una foto! ¡Una foto, Andrés!". El efusivo se va, Calamaro muerde su uña índice y retoma la charla: "¿Dónde habíamos quedado?"



Estabámos hablando de la soledad y justo llegó Julieta.

Cierto.



¿Cómo estás?

En los diarios yo quería pasar de las páginas de rock a las páginas de cultura, ¡no a las de eventos sociales! (se ríe). No sé, es un poco contradictorio. Estoy orgulloso de mi vida actual, no quiero ocultar nada y nada me da vergüenza. Cuando estamos enamorados es una sensación parecida a querer publicar la noticia en todos los diarios. Soy feliz, pero la felicidad también tiene sus momentos de fragilidad. La felicidad tiene sus espinas, pero ¡mejor es una rosa con espinas que las espinas solas sin la rosa!



¿Por qué creés que no podés escribir más canciones?

Algunas salen. En el proceso de mezcla del disco El regreso escribí algunos versos. Voy a intentar escribir todos los días y empezar a tocar la guitarra, o tal vez juntarme con otros músicos en una sala de ensayo para que salga música nueva.



De todos modos, tendrías para echar mano de las ciento y pico de canciones de El Salmón, más las de la web.

Sí, sí, pero es importante que haya canciones nuevas. Quiero recuperar esa dinámica musical. Pero bueno, te decía, hoy mi vida íntima es más importante que la música o los discos.



¿Qué te pasa cuando cantás hoy las canciones de El Salmón y Honestidad Brutal?

Bueno, es un tema. Lo mismo me ocurrió cuando volví a radicarme en Buenos Aires, al departamento de la calle Melo, el escenario de tanta locura. Me preocupaba el reencuentro con ese ámbito: no sabía si las paredes se me iban a caer encima.



¿Cómo hiciste para dejar la cocaína?

Es un tema un poco picante para hablar en un diario. Pero cualquier tabaquista o alcohólico puede entender la dimensión del asunto. Creo que el consumo tiene que ver con la ansiedad y que la ansiedad es una epidemia mundial. Lo mío tuvo que ver solamente con una decisión. Hace tres años que no pruebo la cocaína. Al principio fue complicado: te sentís aburrido, te falta ese condimento de ánimo. Ya no soportaba esas mañanas raras... Ocurre que es muy complicado trabajar con la voluntad. Bueno, ya está. Soy de una generación que sufrió terribles pérdidas por el alcohol y la droga. El riesgo de desperdiciar la vida o de perderla es bastante alto. De todos modos, yo nunca puse en peligro mi vida, nunca fui un drogadicto peligroso. Pero vamos, tampoco quiero exagerar un drama.



El concierto de Madrid fue muy diferente al de abril en Buenos Aires...

Es que pasaron muchas cosas entre abril y noviembre. Los recitales de Buenos Aires los padecí; los de Madrid los disfruté. Hay que tener en cuenta que lo primero que me recomendaron apenas volví a Buenos Aires fueron psiquiatras. Finalmente accedí a uno. Yo antes de que los muchachos de la Bersuit torcieran mi voluntad de no tocar ya me había hecho la idea de que soy un músico que no se detiene a saborear las mieles del éxito, un músico al que había que insistirle mucho para que actuara. Incluso me gustaba esa imagen bohemia...



Es cierto que en los shows de Buenos Aires se te notaba cierto padecimiento. Como un estado de aturdimiento.

Es que estaba retirado de los escenarios y no tenía la tensión justa para volver a tocar. Necesité un poco de tiempo para recuperar mi forma normal. Por lo pronto, hace un año lo último que hubiera pensado es que iba a estar en el Luna Park cantando. Y hace seis meses tampoco hubiera pensado que iba a estar acá, en Madrid, actuando para tanta gente e incluso con el lujo de hacer algunas diabluras vocales. En fin, quizás volví un poco rápido. Pero para mí es un logro haber podido domesticar los demonios personales y haber vuelto con humildad a comunicarme con la gente.

Está de buen humor. Se preocupa por la entrevista ("es el Clarín, escribí un lindo reportaje, no hablés mucho de la droga que mi familia se asusta"), deja asomar del brazo derecho su tatuaje enamorado (AC/JC, Andrés Calamaro/Julieta Cardinali) y se toma quince segundos para responder una pequeña pregunta.



A la distancia, ¿no te pareció una estupidez la pelea con Charly García?

Bueno, siempre es preferible tener un buen enemigo que un mal amigo.

Con El regreso (el disco en vivo grabado en abril en el Luna Park) vendiéndose como pan dulce tanto en España como en Argentina, Calamaro prepara su gran concierto del sábado 17 de diciembre en la cancha de Obras, al aire libre, con capacidad para más de 20 mil personas. Puede llegar a ser el último recital con la Bersuit como banda. "Nunca lo hablamos oficialmente. No se sabe cuándo le voy a devolver el grupo al Pelado (Cordera). Tampoco él me lo vino a reclamar. Son una gran banda y ahora también somos amigos. Algunos de los muchachos están tocando juntos desde el colegio secundario y se merecían también una experiencia y un repertorio distintos".

En el 2006 va a sacar un disco de tangos clásicos junto con el guitarrista flamenco Niño Josele y el guitarrista criollo Juanjo Domínguez bajo la supervisión de Casa Limón, el estudio-concepto del prestigioso productor artístico Javier Limón. "Yo creo que hay que dejar de hablar de rock, tango, cumbia o folclore para empezar a hablar de música argentina. Ojalá un día el rock esté a la altura de las grandes obras del tango y el folclore".

También tiene una serie de proyectos con Litto Nebbia. "Nos encontramos hace poco, en el concierto del reencuentro de Los Gatos Salvajes. Redescubrí una persona cálida, tierna, genial y apasionada por la música: por hablar de música, tocar música y grabarla. Nos intercambiamos canciones, nos mostramos temas inéditos u ocultos, yo le puse un texto a una melodía de él y él va a hacer lo mismo con una melodía mía. Le dije que quiero participar del universo Melopea como participo de Casa Limón".



Es decir que no vas a formar una banda...

No, me voy a mover entre Melopea y Casa Limón Música pura, fuera de los grandes estudios de grabación. Es así la música, no hay géneros. En casa escuchamos la cumbia de Dalila y a Monk.

El plural vuelve a traer a su Julieta. Calamaro se para y mira el reloj: falta una hora para el derby. Está vestido de negro, sobriamente: una camperita, pantalón de corderoy. Dice: "Mi historia es ésta: yo era un músico con éxito y dinero que alguna vez se encontró triste, tomó un poco de más y le encontró una vuelta artística al asunto. Ahora soy otro: no tengo vicios, ni mayores ni menores. Por primera vez en mi vida la posiblidad de tener hijos no me asusta. Siento la fragilidad de la felicidad. Y en cualquier momento, creéme, dejo de comerme las uñas".
 
   
 
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