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  Calamaro, la Real Sociedad y yo mismo
  Entrevista Metrópoli 07-09-2007
 


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Cultura


Entrevista a Andrés Calamaro

 

 

ENTREVISTA A ANDRÉS CALAMARO EN METRÓPOLI
'Canto lo que quiero y quiero lo que canto'

JOSÉ MANUEL GÓMEZ (La Luna de Metrópoli)

MADRID.- Andrés Calamaro ha multiplicado su producción en los últimos años, con 'El regreso' (2005), 'Tinta roja' (2006) y 'El palacio de las flores' (2007), a los que hay que añadir los encuentros con Ariel Rot y Fito y Fitipaldis (su próximo DVD). Por si fuera poco, su nuevo disco, 'La lengua popular', el primero con material propio desde que grabara 'El salmón' (2000), sale a la venta el próximo martes, 11 de septiembre. El artista argentino responde a un cuestionario desde Buenos Aires por e-mail.

Pregunta.– La gira con Fito le ha puesto al día. ¿Va a conservar la lógica del negocio?

Respuesta.– En ese sentido, no soy conservador. La lógica está clavada en la frente del negocio como un cuadro, de impresionante impresionismo, donde vemos a Camarón colgando sus 'Alegrías' en MySpace... Siempre canto lo que quiero y quiero lo que canto, ésos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros.

P.– En 'Los Chicos' recupera el espíritu de banda invocando a los ausentes, a guitarrazos. ¿Cómo fue?

R.– Fue emocionante. Al principio la escuchaba y me atragantaba con lágrimas secas queriendo salir. Nunca antes le había escrito al final de los días, ni a un cielo laico donde podríamos encontrarnos todos en algún momento de la eternidad... Adonde nos esperan nuestros soldados caídos.

P.– En Carnaval de Brasil habla de musas. ¿No me diga que ahora necesita invocarlas para que aparezcan?

R.– No se lo digo. Borges decía que el único paraíso posible es el paraíso perdido, y Brasil intenta desmantelar el laberinto borgeano, intelectual por excelencia, que también hacía gala de un formidable sentido del humor.

No creo que sea justo esperar al miserable abandono, o a la intoxicación, para escribir canciones. Todos deberíamos sentarnos seis horas diarias a escribir. Yo tampoco lo hago, pero en este caso propongo asesinar el mito de las musas aspiradoras.

P.- Las canciones de amor salen en momentos de ausencia. ¿Es así?

R.- No es así, por suerte salen de momentos de encuentro y contacto, no describen esperas eternas, aunque si cantan a los instantes eternos del amor no platónico, que es el más saludable que existe... La felicidad es tan frágil que la mayoría de los poetas genera mayor producción si vive una existencia miserable. Por suerte, no es mi caso y puedo declararme no-poeta, sin mayoría.

P.– En De orgullo y de miedo, canta como algún cantante melódico.

R.- Yo presumo de cualidades camaleónicas. Sin embargo, Cachorro López (productor y 'grammy winer') me pidió ajustarme a mi registro tradicional, que modere mis personajes. En esta canción con aires rancheros dejo salir un poco el estilo que aprendimos escuchando a Chavela Vargas, uno de los gigantes de la canción en este idioma.

P.– Hablando del cantante, ¿le sorprende que en el rock las drogas funcionen a favor de la leyenda, mientras que para el mítico cantante puertorriqueño de salsa Héctor Lavoe sólo sirvan para hundir la reputación?

R.– No puedo mencionar esa palabra (d...) sin que sea título del reportaje. Lo siento, pero es un tic nervioso de la mayoría de sus colegas. Para mí, Héctor Lavoe es como 'El quimérico inquilino', de Polanski, que necesita suicidarse dos veces. Y su importancia musical estará siempre intacta. La pelota no se mancha.

P.– Su vuelta a la normalidad (grabar en estudios convencionales) ofrece una buena cosecha de discos.

R.– Los estudios ya no son convencionales, ahora son ordenadores y computadoras. Sin embargo, estoy gratamente sorprendido por la calidad de mis últimas cosechas, gracias a los artesanos oficios de los enólogos y 'someliers' que iluminaron mis pasos. Son discos que conforman un conjunto sincero de grabaciones adultas e inspiradas que, en algunos casos, seguirán buscando los oyentes que merecen.

P.– El género bailable fue una de las grandes aportaciones de Los Rodríguez, que aquí vuelve en Para siempre.

R.– Nunca pensé que Los Rodríguez éramos bailables, o no me di cuenta. Pensaba que mi debut en el género había sido el 'No Woman No Cry', incluido en 'El Salmón'.

P.– En Sexy y barrigón, ¿era necesario el tono sarcástico?

R.– No intentaba ser sarcástico, creo que una barriga es tan digna como los implantes dentales de los Rolling Stones... Sé que la mayoría de los críticos musicales son poco atractivos y van a descontrolarse conmigo, que tampoco tengo la genética de Mick Jagger.

P.– Confiese, escribió la ranchera 'De orgullo y de miedo' para cantarla con Sabina... ¿Se ha planteado volver a vivir en Madrid?

R.– No puedo confesar eso, es una canción sentimental y adulta, creo que cuenta lo que siente un corazón cansado cuando descubre que puede volver a latir por alguien. Sin embargo, es indudable, quedaría espléndida cantada por alguien como Joaquín o Julio Iglesias. Tengo planeado vivir, y a Madrid siempre estoy volviendo.

P.– 'Mi Cobain' tiene un aire de pop añejo. ¿De qué diablos está hablando?

R.– Es un fresco abstracto y político, un almafuerte paranoico camboyano, es la letra de los días interminables, del apocalipsis now nacional. Una radiografía marginal, un paseo por los suburbios y el vertedero... por el 'rock’n’roll' de las tripas.

P.– La última, de verdad: ¿tiene banda?

R.- Tengo banda y mi banda me tiene a mí. Hablo el mismo idioma que los músicos y puedo mirarles a los ojos. No soy un artista ni únicamente una estrella. Con mis compañeros me entiendo por telepatía. No vivo de prestado y me alegro si uno de los míos es un especialista recomendable. No somos mercenarios... fuimos soldados.

 
   
 
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