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  Calamaro, la Real Sociedad y yo mismo
  MondoSonoro.com 7-12-2000
 

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ANDRÉS CALAMARO

7-12-2000

EL SALMÓN SE HACE BALLENA ANDRÉS CALAMARO PRÓXIMO A “CUARENTAUN” (LA FRONTERA EN LA QUE DICES ADIÓS A LOS TREINTA) NO HA ENCONTRADO MEJOR TERAPIA QUE LANZARSE A ESCRIBIR CANCIONES COMO UN POSESO. LEJOS DE GUARDARSE LAS MÁS Y PUBLICAR LAS MENOS (Y MEJORES), NOS SEPULTA CON UN LEGADO DE CIENTO TRES CANCIONES, EN LAS QUE HAY MUCHO DÓNDE ELEGIR Y MUCHO QUE SUPRIMIR. LA HISTORIA DE ESTE SALMÓN ES TAN SIMPLE COMO INSÓLITA. MONDO SONORO SE SENTÓ CON SU AUTOR PARA INTENTAR DESVELARLA.

“ME QUEDÉ SIN CHOCOLATE, SIN PROBLEMAS TRANSFORMADOS EN HUMOR” (“CHOCOLATE”)

El canuto se consume entre sus dedos sin que apenas le preste atención. Calamaro anda entregado con su historia y ni siquiera me ha dado tiempo a hacerle la primera pregunta cuando ya se ha lanzado a contestarlas todas, o ninguna. Como presumo que va para largo y veo que su porro sigue extinguiéndose inamovible, decido hacerme uno… Saco mi china la empiezo a quemar e interrumpo la inagotable verborrea del ex Rodríguez por primera vez. “Huele bien…” comenta, a la vez que, como sorprendido, repara en el porro que sostiene ya apagado en la mano. Una vez encendido los intercambiamos. A ese canuto, afortunadamente, le seguirán unos cuantos más. 

                             
“Y CUANDO EMPIEZO YA NO PUEDO PARAR, SOY UN MAL TIPO DESDE MI MÁS TIERNA EDAD (“CANALLA”)

Estoy en la suite de un lujoso hotel de la Ciudad Condal en la que Andrés Calamaro recibe a la prensa en un tour de force que lo dejará agotado. Soy el primero de la lista y, con el humo envolviéndonos, siento cierta complicidad que me acerca al entrañable loco que tengo sentado frente a mí en una silla que parece a punto de caer en cualquier momento.
"El destino del salmón es confuso. Esa gesta heroica de ir contra la corriente en la que sólo sobreviven unos pocos"
Debe ser un reflejo de su vida. A Calamaro le gusta pasearse pasionalmente por el filo, logrando –eso sí- ese último equilibrio que le mantiene a nuestro lado. Pasivos testaferros de sus excesos. El último de ellos se llama “El Salmón” (Dro, 00), un quíntuple compacto que recoge ciento tres canciones escogidas de trescientas grabaciones perpetradas en un método entre frenético y suicida que el propio autor relata en los créditos. Un método que se ha lanzado a explicarme trazando una hipérbole verbal muy difícil de trasmitir. Tan difícil como digerir este salmón de golpe. ¿Es este trabajo un hito? Sin lugar a dudas. ¿Una genialidad? ¡Qué demonios! Sí. La cumbre de nuestro genio transoceánico más próximo. Un genio que gusta de sus excesos, que presume de sus vicios, que conoce el lado oculto de la vida y que, sin duda, busca reconocimiento. Pues démosle el gusto.


“TODOS TENEMOS NUESTRAS CICATRICES” (“SOMOS FEOS”)


Andrés es un punto y aparte. Creador de un estilo lírico: franco, directo, próximo y entrañable, ha experimentado por nosotros y nos implica en sus vivencias de corazones rotos, pasiones, adicciones, cinismos, orgullos y duelos. Ahora ha querido ir más allá. Colocándose en el límite creativo en busca de la confrontación interna, el punto de inflexión en el que el ser humano está cerca de quebrarse. De ese dolor, de esa tristeza, incluso de esa violencia, ha surgido este salmón. Una obra condenada a ser imperfecta y que tiene bastante de vanidosa, como el propio Andrés me señala, pero también una obra arriesgada y ajena al puto negocio. Ya sabemos que vale lo que medio gramo (la comparación no es mía, es del propio Calamaro), pero además de poder funcionar perfectamente como soporte para hacerse unos tiritos, el contenido es, quizás por sus aristas, de lo más honesto que un artista se haya atrevido a perpetrar jamás (hace añicos su anterior entrega “Honestidad Brutal”). Un universo, el Calamaresco, que se desliza por la puerta trasera del alma, por la puerta destinada a los auténticos arrabaleros. Un personaje de una clarividencia insólita respaldado por su gente, con la que le une una relación muy pasional.


“QUÉ TIENE DE MALO METERSE UNA RAYA DE COCA… ¡QUE ES POCA!” (“PROBLEMAS”)

Andrés continúa desgranando su monocorde monólogo largamente aprendido. Narra la historia de este trabajo entendido como los dedos de una mano. La historia del reto de escribir sin parar, ajeno al resto del mundo, buscando el límite… “Uno no sabe realmente lo que hay después del cansancio. Después de estar trabajando sin parar varios días y varias noches. Ese momento en el que uno supera cierta capacidad de resistencia. Ahí uno no sabe lo que se va a encontrar… la tristeza o inclusive la violencia”. Una violencia que se desató literalmente y acabó con Andrés recibiendo el año dos mil en el hospital. “El último día del año tuvo su desencadenante. Estábamos inmersos en ese proceso de grabación permanente y me metieron un palo en la cabeza, pero ¡literalmente! Fue un asunto alucinógeno con un sobrino y aunque nos queremos mucho y jamas nos peleamos fue ese momento de paranoia en el que parece que no puedes parar y ya se sabe, la juventud…”. Es durante esta primera fase de su búsqueda del grial compositivo, cuando se hace acompañar, en una “fraternal sociedad”, por Marcelo Scornik (alias El Cuino) con quien escribe más de treinta temas de los que doce acabarán en esta empresa monumental. “Muchas de las grabaciones más inspiradas son de ese periodo, realizadas durante jornadas de setenta y dos horas. Creo que es cuando hicimos las grabaciones más sofisticadas y muchas versiones de mis canciones favoritas, también canciones experimentales. Después logré volver a mi casa y a partir de un punto empece a escribir otras canciones con base de rock´n´roll, pero eso ya sería para marzo”.


“SIEMPRE SEGUÍ LA MISMA DIRECCIÓN, LA DIFÍCIL QUE SIGUE EL SALMÓN” (“EL SALMÓN”)

Siempre con la vista al frente. Aprovechando cada instante, cada frase, cada nota, dando forma a un enorme Tetris imposible de encajar. La perfección no existe y, aunque la habilidad de Andrés para hacer canciones populares es innata, esa propia huida hacia adelante ha dejado a sus espaldas un legado repleto de oportunidades perdidas a sabiendas.
"Muchas de las grabaciones más inspiradas fueron de setenta y dos horas. Fueron las grabaciones más sofisticadas"
Canciones artesanas, grabadas en un cuatro pistas tan rudimentario como real y que las ha dotado de una vocación lo-fi que podría haberse ahorrado perfectamente, en arras de una comercialidad capaz de alcanzar cuando se le antoje… pero no se le antoja. “El destino del salmón es confuso. Esa gesta heroica de ir contra la corriente en la que solo sobreviven unos pocos. El salmón debe suponer que es el río el que está equivocado, es él el que va en dirección contraria. De esa misma forma nos enfrentamos a nuestras propias letras y buscamos salir hacia delante. Hasta el final en el que otra vez, con un repertorio nuevo, poder escribir nuevas canciones que es, en definitiva, lo que más me gusta. Creo que estamos cumpliendo con la responsabilidad del rock´n´roll que es no mentir. Para el salmón lo importante es la verdad”.


“EL MARTES ME TOMÉ UN AVIÓN, ROMPÍ MUCHOS ESPEJOS, PODRÍA VOLVER A SER EL QUE FUI, PERO QUEDA LEJOS” (“SÉPTIMO HIJO VARÓN”)

¿Valentía?, ¿inconsciencia?, ¿principios?. Muchos pensaran que Andrés puede permitirse el lujo de lanzar artefactos, tan poco habituales en el mercado discográfico, como este salmón, gracias a su status en Argentina con Los Abuelos De La Nada y en España con Los Rodríguez, pero se equivocan. Andrés busca la gloria. Sabe que la pulsión obsesiva en la que se ha embarcado puede estrellarlo pero también sabe, por tantos otros que quedaron atrás, que después de una hostia siempre llega la leyenda y Calamaro, guste o no guste, se está forjando una a marchas forzadas. “No tengo plata. No soy un músico rico. Solamente tengo canciones, pero el status se pierde muy rápido y en cualquier caso pensé que tenía que hacer una canción mejor cada día y no me planteé si eso podía ser un problema. Tan sólo quería tener un repertorio más importante y no me pareció suficientecon tener veinte, treinta, cuarenta canciones buenas. A mí no me sirve la música acumulada para nada. Esa carrera, ese trayecto del que me hablas, para mí no es ningún ahorro musical. Sé que hice canciones muy buenas, pero hay que mirar siempre hacia delante. No tengo en cuenta ese legado para nada. Es más, la veteranía no sirve para nada si no trabajas con gente con ideas. Ni siquiera las mismas, sino con ideas que no estén sujetas a una línea editorial o a una mecánica de trabajo”.


“ES COMO CANTAR Y COSERSE LA BOCA A LA VEZ” (“EL DÍA D”)

Sin aliento, sin tiempo para el descanso, sin pararse a medir las consecuencias, Andrés ya está embarcado un nuevo proceso de grabación delirante. Él, junto al mencionado Marcelo y otro colega, envuelto en cien mil batallas perdidas, que responde al nombre de Jorge Larrosa, conforman un equipo de malditos, enfrentados en largas jornadas de desvarío lírico. Para su autor “El Salmón” ha quedado atrás. Su objetivo, me comenta, es volver a publicar lo máximo y su inicial discurso cansino y desganado, se ha ido difuminando para dejar paso a un brillo orgulloso en sus ojos que estalla al ponerme tres temas resultantes de ese nuevo tour de force (dos de ellos se podrían codear perfectamente con los mejores temas del nuevo álbum). “Ahora no sé si tendré suficientes canciones para hacer diez discos pero lo que sí sé es que buscar un acorde para una melodía es una mariconada. ¡No sirve para nada! Pero realmente hay un espíritu preparado siempre para eso y en todo caso es a lo que nosotros llegamos. Primero con “El Salmón” y después... Habrá que ver que es después lo que se tercia… Nunca nos vamos a dejar aconsejar por el miedo, ni por el temor, las canciones ya deciden solas que hacer”. Lo que me temía. No era el humo de hachís lo que había afectado mis neuronas. Mi grabadora reproduce fielmente el carrusel explicativo de Andrés repleto de vaivenes surrealistas.
"A través de la música los pensamientos de alguien no se pueden parar. La música hace que las emociones corran por cuenta de las armonías, no sólo por las letras"
Me he reclinado en el sofá de la suite, mientras sus temas nuevos suenan en un radiocassette portátil y él se transforma todo vitalidad, todo entusiasmo, a la hora de destacarme las frases de las que se siente más orgulloso. Por eso no puedo evitar pensar en lo distinta que era la imagen que tenía antes de Calamaro. Naturalmente, conocía su fama de paseante por el lado salvaje de la vida, pero no era consciente de lo realmente salvaje del trazado. Una frágil línea de la que él se ríe en un disco que dice más que cualquier entrevista. “Ay de mí, que no logro olvidar ni un segundo la pena que me atraviesa de pies a cabeza y mientras todos me van dejando solo, y no hay lugar en el mundo para un corazón que no puede olvidar. Terminé en la habitación más oscura de casa escribiendo canciones veinticuatro horas por día entiendo si nadie quiere venirse, para qué aburrirse con mi repertorio de melancolías. Espero que con el tiempo se borre todo, porque si sigo así mucho más me voy al otro barrio, probablemente sea un precio muy alto para un corazón perdido que ya está bastante sufrido y no quiere más”.
Hay quien escribe un diario, hay quien escribe sus memorias, hay quien escribe novelas. Andrés escribe canciones. En muchas se desnuda en su diaria vulgaridad, en otras reivindica… “También hay y parece broma un repertorio en otro idioma, canciones que no leemos y solamente tiramos. Hace mucho que aprendimos y nos acostumbramos a escuchar palabras que nunca entendemos tanto que no sabemos si entendemos ni siquiera las de este idioma”. Canciones en las que hay de todo como en botica. Bromas, versiones, experimentaciones, reiteraciones, grandezas, memeces… filtradas todas ellas sobre un fondo sonoro que va del rock al reggae, del tango al blues y las enormes figuras de Dylan, Waits, Richards y Reed sobrevolando por sus surcos. “A través de la música los pensamientos de alguien no se pueden parar. La música hace que las emociones corran por cuenta de las harmonías, no sólo por las letras. La harmonía es el componente bendito que hace que la música nunca nos pueda hacer mal”. De acuerdo, pero por mucho que no hagan daño, mejor no recomendar a nadie que se trague los cinco discos de un tirón. El atracón podría dejar peligrosas secuelas. Mejor tomárselo con calma y degustarlo poco a poco, no vaya a ser que se acabe odiando al autor de semejante animalada. Más que un salmón, una ballena.


Autor: Don Disturbios
Fotografía: Javier Salas

 
   
 
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